martes, 5 de abril de 2011

Memorias de tu propia vida

1 de abril de 2011.

Ocho y pico de la mañana.

Nos acercábamos con paso ligero, pues llegábamos con retraso, o al menos eso creímos. Pero al arribar a nuestro destino nos dimos cuenta de que no era así. Aún faltaban varios por llegar. Un par de saludos tímidos y alguna que otra sonrisilla en un círculo abstracto cerrado que dejaba vislumbrar inocuas diferencias entre los grupos que esperaban, pacientes, subir al autobús. Francamente, no supe cómo comportarme. La actitud dubitativa suele jugar malas pasadas y actuar en tu contra, dibujándote como un borde o asocial ante los demás. Ni siquiera sé cómo afrontar todo lo que os quiero relatar.

Soy consciente de que voy a tocar uno de los temas de mayor debate social actualmente y desde ya hace unos años. Pero eso no me preocupa. Si no comenzamos por aniquilar ese pavor inicial al manifestarnos tal cual somos, nos negaremos a nosotros mismos y acabaremos por no ser nada. Serás Fulanito de Tal, y punto final. Nadie recordará lo que defendiste, ni lo que criticaste, ni por qué luchaste. Ni a quién quisiste, ni las obras que realizaste a favor y apología de ese ideal. Es muy triste carecer de motivaciones que desarrollen tu vida. Pero al fin y al cabo somos libres para elegirlo, y esto no pretende ser un ensayo sobre tal materia. Lo que busco es tan sencillo como explicar algo muy complejo que experimenté y para lo que no existe término alguno que se asemeje. Una dantesca antítesis que ya comienza a frustrarme, la ansiedad por escupir palabras sin sentido es peligrosa. Por tanto, intentaré mantenerme lo más fiel posible a esta experiencia que tan grande me queda.

Retomemos. Eran las ocho y media de la mañana y el grupo ya estaba al completo. Una vez preparados en nuestros respectivos asientos, el autobús partió, dejando tras de sí un halo de humo gris y olor a combustible que marcaba la estela de nuestro camino gris sobre el asfalto. El sol comenzaba a alzarse tras las sinuosas curvas de la meseta leonesa, alto, más alto, cada vez más alto. Se notaba el paso de la mañana sobre los campos brillantes abrazados por el calor solar que los inundaba. Vivo en un mar de secano. Un mar de secano que se llama León. Un paraíso escondido en el noroeste de la península Ibérica, para unos conocido, para otros no tanto. Un pequeño retazo de paraíso al que muy pocos saben sacar provecho. Me consideraba una Alicia, en un rincón de Maravillas celestes, blancas, plomizas. Esa multiplicidad de colores que a través de la ventana se alejaban, pero que persistían en la mente como significados persistentes y propios, con mayúsculas.

El viaje continuaba. Risas y silencios, sucintas conversaciones o amables diálogos entre aquellos que ya eran prácticamente hermanos. Sumiéndome en el ambiente del autobús conseguí abstraerme de mi realidad subjetiva y salir hacia la Realidad. ¿Qué es la Realidad? La película Matrix se enfrenta a esta incertidumbre aparentemente tan sencilla, pero tan complicada de resolver. ¿Existe la Realidad? ¿Pero y si todo lo que crees real resulta fraudulento? Quizá tú, que lees esto pienses que tu visión es la correcta, aunque se contraponga a la de tu compañero. Él pensará lo mismo que tú. La pluralidad de mundos y de perspectivas individuales como consecuencia de la Libertad humana, con mayúscula, es la paleta que da color a nuestras vidas. Enriquece nuestros sentidos con numerosas perspectivas de un mismo punto. Pero a esto volveremos después. La cuestión es que creí sumirme en aquel Algo común –Realidad es un término peligroso, ya no entendiéndolo como lo material, sino la realidad abstracta que habita en nuestro pensamiento- que envolvía nuestro espacio vital aquella mañana. Destruí aquella macroestructura de prejuicios propia y me propuse aquel día comenzar a construir un nuevo edificio, esta vez por la base. Personalmente, era algo que me exigía el corazón. Una necesidad exenta de intereses, un impulso que me decía que algo en mí debía cambiar. Se trata de una de esas escasas situaciones en las que el ser humano se ve cegado en un camino unidireccional, sumido en una pesadumbre que le impide ver que el camino concluye en un precipicio abisal. Pues bien, es en aquel momento de hundimiento emocional, en el que contemplas mil manos tendidas hacia ti sin poder estrechar ninguna. Cuando tocas fondo, nadie puede ayudarte. En ocasiones es prácticamente imposible salir de aquel pozo, pero cuando todo parece imposible, algo hace que aparezca una nueva bifurcación en el sendero, que te conceda la posibilidad de elegir y salvarte de nuevo. Carcajéate de la melancolía, porque lo has conseguido. Pero en aquel momento quedaba mucho por hacer. ¿Es posible llevar a cabo tal cambio en un solo día?

El viaje continuaba. Nos dirigíamos a tierras palentinas, tierra de campos, tierras de vida. Yo seguía ensimismada en aquel intento por abstraerme de mis pensamientos e intentar captar y sentir a los que me rodeaban. Y fue entonces cuando lo sentí. Sentí todo aquello que desprendían los demás. Las preocupaciones se habían esfumado como por arte de magia. En un primer momento, el pavor me inundó, pero poco a poco me fui recostando sobre el asiento y dándome cuenta de que no todo es lo que parece ser. Aparentemente, me hallaba en aquel asiento callada, con cara de póker y contemplando el paisaje que desfilaba ante la mirada impertérrita de aquel vehículo violeta. Aparentemente no iba haciendo nada. Aparentemente. El desconocimiento nos lleva hasta las latitudes más sombrías. Y cada vez me daba más cuenta de ello. El viaje continuaba, villa romana de la Olmeda, Frómista, catedral de Palencia, monasterio de Trapa… Cualquiera os contaría las maravillas turísticas que tuvimos el gusto y el placer de visitar. Pero para ello están las guías. Y tampoco es lo que me interesa. No quiero contaros nada de ello, son paraísos que merecen ser visitados y no contar sus maravillas, sino guardar celosamente sus atributos.

Lo que me interesa es la Experiencia ya mencionada. Aquellos muchachos con los que viajábamos. Lo que en principio consideré como un experimento, se transformó en una maravilla. Para un proyecto de periodista como yo, que aún estoy por desarrollar, la vida es mucho más bohemia que para aquellos que ya conocen las desavenencias del oficio. Por ello y aprovechándome excesivamente de la parte que me toca, me atreví a contemplar. A contemplar dentro de todos y cada uno de esos chicos que paseaban por los jardines del monasterio trapense, o que retaban a los chavales del Seminario Menor de Palencia al ping pong sin demasiado éxito, o que contaban chistes intercalados con canciones en ucraniano o yo qué sé qué idioma exótico… Para aquellos chicos más o menos de mi edad, que son seres humanos normales. Y a lo que me acabo de referir no es una chorrada, sino algo muy importante y que muchas veces se nos olvida. Son personas, como nosotros, como tú y como yo. Quizá más que nosotros. Y me fascinó compartir el día con ellos. En más de una ocasión tuve ganas de echarme a llorar. ¿Por qué? Pues no lo sé. Tal vez porque la vida no es como la pinta la mayoría, la masa. La vida es algo que no ha de basarse en lo meramente material. Y suena a tópico universal, pero la torpeza y el nerviosismo me están matando. No sé cómo explicar eso tan grande que sentí junto a ellos. Es increíble comprobar cómo muchachos tan jóvenes poseen una vocación tan fuerte y se encuentran arraigados a algo tan potente. Sus risas y sus bromas te llenan, su presencia te hace olvidar lo que tanto te hizo llorar. Fascina comprobar que en el mundo quedan personas como ellos, que se han marcado un camino y están dispuestos a seguir hasta el final, sacrificarse, y ofrecer su vida por ello. Y en estos momentos tengo el corazón a un millón por hora. La torpeza de no saber cómo expresar todo esto que siento me abruma. Es una sensación de plenitud difícilmente explicable. Es tranquilidad y alegría. Es calma, es paz. Es encontrarte contigo misma y darte cuenta de que lo que creías que era Todo solo es una Parte de la complejidad de la vida. Es comprobar que aunque la mesa cojee, hay mil y una formas de restaurar la pata coja. Es un sentimiento. Es una emoción. Es algo rápido, muy rápido. Bum, bum, bum. Ganas de correr. De llorar, de reír. Ganas de ayudar. Ganas de transmitir a los demás aquello. Ganas de compartir. Ganas de ser. Ganas… De vivir.

Cuando lo que muchos consideran un trabajo u ocupación se transforma en el contexto y en la finalidad de tu vida… Cuando todo lo que llevas a cabo lo realizas en función de, por y para ello… Cuando rompes los moldes sociales, el qué dirán y te rebelas contra ti mismo… Cuando resuelves tus propias preguntas y enfrentas la vida… Solo puede haber vocación. Y de lo que estoy hablando es de un grupo de seminaristas de León con el que pasé uno de los mejores días de mi vida. Al margen de las creencias de cada uno, creo que todos deberíamos experimentar algo así. La vida no es como la pintan en una película de Tarantino, o en esa canción de Guns and Roses. La vida no se cuenta. La vida se pinta y se colorea. Se disfruta y se exprime. No entiendo mucho de liturgia, ni de Sinópticos, ni de Mariología, o más bien nada. Pero entiendo de vocación. No puedo contaros mucho más. Mi bolígrafo escribe por sí solo. Mi mente está desactivada desde hace rato.

Porque en ocasiones, las mejores entrevistas no se hacen a golpe de pregunta,

Bienvenido a la película de tu propia vida… donde tú escribes el guión.

6 comentarios:

  1. Buena historia! De Palencia os faltó Carrión de los Condes, también es muy bonito (un verano ahí da para descubrir muchos lugares). La verdad es que lo que cuentas es un sentimiento increíble, como dices, indefinible. Tuve la suerte de experimentar algo así hace unos meses y fue genial.

    A pesar de todo, lo definiría como amar. No encuentro palabra que se ajuste mejor.

    ResponderEliminar
  2. Completamente sorprendido como emocionado. Sorprendido, porque como ya me dijiste un día en esta sociedad hay poca gente con la que se pueda hablar de este tema y lo comparta. Y emocionado por todos los recuerdos que han florecido al leer esto. Emociones que sólo se pueden conocer si alguna vez lo has vivido, nadie te puede contar lo que eso significa, y lo cierto es que no tiene nada que ver con la fiesta del verano que cualquier joven de esta sociedad ansía. Algo tan especial como desconocido en esta sociedad. Gracias por hacerme experimentar todo eso.
    Un petó (ya sabes quien soy)

    ResponderEliminar
  3. que grande eres nubecilla, me ha encantado

    ResponderEliminar
  4. Existencialismo. Empirismo. Dudas.
    Welcome to the superparanoya. Llevo aquí desde que tenía tu edad y, la verdad, los colores son más vivos.

    Creo que esta entrada mía de hace unos meses te embelesará:
    http://elviajeintimodelalocura.blogspot.com/2010/11/caucasico.html

    guten Apetit!

    ResponderEliminar
  5. Que grandes eres !! un besito espero tu paso por mi blog !!!

    ResponderEliminar

Gracias por tu paso por el blog, y dado que esto no es cosa de uno, participa dejando tu comentario debajo. Puedes decir lo que sea, lo primero que te venga a la mente después de haber leído el post. Eso sí, te pido que lo hagas con respeto. Muchas gracias nubarrones!