martes, 26 de junio de 2012

¿Y qué nos queda?


Hoy me he tomado la libertad vacacional de hacer balance del curso que acabamos de dejar atrás. Algunos tal vez penséis que simplemente estoy tomando el papel de Madre Teresa de Calcuta (por algo ambas nacimos el mismo día y el mismo mes con ochenta y pico años de diferencia), pero no es así. Me apetece hacerlo, ha sido un año muy intenso, y lo queramos o no, ya nos encontramos en el ecuador de la carrera, en el ecuador del estudio de la pasión a la que nos hemos entregado. 

En este segundo año hemos aprendido a calcular la renta, a decidir si preferimos minutar los guiones radiofónicos porque somos funcionarios y tenemos una jornada de 8 horas que cumplir, a situar en el mapa las repúblicas caucásicas, a hacer spots y cortos en menos de dos horas, a preparar necrológicas y elaborar todo tipo de documentos, a redactar titulares brillantes. Hemos aprendido que el Vaticano tiene demasiados documentos en su página web como para darnos cuenta de lo que quieren decir con ellos, que a este paso no nos darán lentejas de Mona Jiménez en la bodeguilla de la Moncloa sino Gebratene Fleisch en el Reichstag alemán... Hemos aprendido que los tiempos cambian. 

Pero también hemos aprendido a buscar nuestro Polo Sur, a encontrarlo, a colocar nuestra bandera y a defenderlo. Hemos desarrollado nuestra pasión por el oficio mucho más de lo que estaba. 

Además, por cada uno de mis compañeros, este año, he de decir que he aprendido algo nuevo. Me gustaría contároslo.

De José Luis Allegue, la pasión. La pasión por el deporte. Puede que no te guste, que no te fascine, pero en el momento en el que te adentras en su cuenta de twitter, en su blog, en su cuenta de facebook e incluso en su perfil de tuenti... Te das cuenta de que este chico lo vive. Y sobre todo, que ha decidido revertir sus esfuerzos y su pasión en un proyecto (http://www.tribunadeportiva.es/) que sin duda, dará muchos frutos.

De María Vicente me quedo con las notazas en economía, aparte de su carisma para colocarse delante de la cámara en un standby y de la amplitud de conocimientos deportivos que posee. Se ve que queda en pareja. También las ganas de enfrascarse en una beca Erasmus que seguro marcará su vida y la de su acompañante. 

De Alba Castro Báñez he aprendido a combinar (aunque termine yendo siempre en vaqueros te aseguro que sigo tus consejos), he comprobado lo que es pasión por la moda en todas sus vertientes, lo que es vivirla más allá de un simple look o una tendencia concreta.

De Iñaki Zubiria Barrera, sobre todo, que no es bueno estresarse tanto en época de exámenes. También que el Vagalume da unas fiestas tremendas (gracias por colapsarme los eventos en tuenti) y que pese a no relacionarse tanto con la gente de clase, siempre está ahí para lo que necesites, escuchando y ayudando. Además, sus cambios de mascota (hámster, conejo...) son curiosos.

De Javi García, me quedo con su pasión por la radio, con esos programas deportivos de sobremesa que alegran a tantos salmantinos pegados a las ondas de cadena ser. Todo un lujo poder escucharle.

De Sara Blanco... Con sus notazas, su forma de redactar, su inteligencia. Una chica que piensa y razona mucho más allá que las mentes normales. 

De Inés Gómez... Me quedo con su humor. Con el humor y el optimismo con el que afronta todo, por muy complejo que sea. Con sus salidas, sus chascarrillos y su acento pacense. (Y sus ojazos y esa forma de colocarse la melena de forma tan sensual. Cuidado con los admiradores, les tienes rotos, campanaria!).

De Amalia me quedo con la dulzura con la que te habla y sobre todo, con la sonrisa de oreja a oreja tan preciosa que tiene.

De Kako me quedo con su buen hacer en fotografía, con sus tomaduras de pelo y sus vaciles que siempre consiguen hacerte sacar una sonrisa, aunque te encuentres en un momento horrible.

De Carlos Tocino... Qué decir de Carlos! Prototipo de bon vivant y zalamero que con su labia y sus ojazos consigue hacer que cualquier profesora caiga a sus pies. La personalización del atractivo.

De Ángel he aprendido lo que es la elegancia mezclada con ciertas dosis de estelareynoldsismo. Una combinación explosiva que solo es capaz de llevar a cabo él. Futuro actor de doblaje asegurado, tan pronto se transforma en Alaska por la calle, que en Héroes del Silencio. Es capaz de cantarte hasta la canción de Dragon Ball. Quién lo diría!

De Isaías me quedo... Con su frescura, su desparpajo, su extroversión, su arte, su inteligencia, esa faceta suya de relaciones públicas y sobre todo, el abrazo final con el que nos despedimos ayer antes de poner rumbo a su beca Séneca.

De Cristina Cañedo me quedo con su independencia. Es una mujer hecha a sí misma y lo demuestra por los cuatro costados.

De Bea Figaredo me quedo con esa pedazo de fotografías que saca y con la sonrisa con la que siempre aparece (rara vez la verás sin ella).

De Vero me quedo con su pasión por el Barça y las BB y con sus preciosos ojos (de un color aún por determinar).

De Lydia me quedo sin dudarlo con su constancia, con esa predisposición al trabajo que estoy segura que seguro, ya le está dando sus frutos.

De Victoria me quedo con su mala leche y su sinceridad. Si tiene algo que decir, te lo dice sin importarle lo que pienses. Envidiable.

De Nico! Pues de Nico con esa carina de no haber roto un plato en su vida y de buen chaval que luego demuestra.

De Yoli... De Yoli me quedo con sus motes, con esa forma de hacerse con las muletillas de los demás, con su carisma galego y con su risa. 

De Charly me quedo con su sonrisa, tanto bucal como visual. Sonreir con los ojos es importante.

De Laura Marcos me quedo con su serenidad, su tranquilidad, su voz pausada y su calma que hace evadirte durante varios segundos.

De Pili... De Pili me quedo con su mala uva! No he conocido a persona que tenga más carácter que ella, pero tampoco a persona con la que me haya divertido tanto. 

De Elizabeth me quedo con la intensidad de su discurso y con la integridad que tiene a la hora de disponerse a hablar en público. Muy potente esta mujer. 

De Sandra me quedo con su estrés post-exámenes, ese perfeccionismo con el que hace todo, esa búsqueda de lo normal no, lo superior. Ambición sana y productiva.

De Jorge me quedo con todo. Con su carácter, con su pasión por la fotografía y el heavy metal y sobre todo con las conversaciones que puedes mantener con él. Simplemente un tío que merece la pena conocer.

De Bea Paredes me quedo con su dulzura, la lleva en su mirada a donde quiera que va.

De Mercedes me quedo con su trabajo. Es una curranta. Sabe lo que se hace y cómo hacerlo.

De Alejandro Lorenzo, me quedo con Asturias lo primero, pero también con su forma de redactar (no se me olvida una práctica del pasado año que leyó en voz alta, magnífica) y su carácter.

De Luigi me quedo con su cerebro. Es una de las personas más válidas a nivel intelectual que tenemos entre nosotros. Piensa, y lo hace bien. 

De Patricia Laborda me quedo con sus críticas de cine, con los largos paseos, con su faceta de oyente y con su caracter independiente y 'echado para delante'.

De Pandi me quedo con sus intervenciones en clase, que, aunque no siempre compartidas, muestran una personalidad bastante consistente. 

De Sara Martín me quedo con su curiosidad, con esa forma de preguntar hasta que esté todo claro. No se da por vencida fácilmente.

De Marcos Acero me quedo con su sonrisa asturiana!

De Álvaro Martínez me quedo con las ganas de haber entablado alguna conversación profunda. De Alvaricioso me quedo con lo leído en http://algoteibaadecir.wordpress.com/. Una forma de escribir diferente, original, interesante y muy muy fascinante y curiosa que no deja indiferente... Y da que pensar. Se adivina una gran persona detrás. Además, me quedo con su humor negro muy retuiteable.

De Miguel Rueda me quedo con su sonrisa, con su forma tranquila de presentarse en clase y que pese, a ser guadalupeño, no es sectario. 

De Marcos Zavala me quedo... Con toda la historia que es capaz de almacenar en esa cabezota. Increíble lo que sabe este chico. Un bagaje cultural tremendo. Y con sus versiones de 'american idiot' también.

De Lucía Semedo me quedo con su tranquilidad, su personalidad soñadora y su gata Catipé, que se está quedando calva la pobre, pero que es muy bonica.

De Emma Quiroga me quedo con su voluntad para ir a ver todos los fines de semana al novio, hacerse viajes tan largos para tan poco tiempo demuestran mucho.

De Conchi me quedo con su risa, con su extroversión, una persona que te hace reir y con la que puedes hablar pese a no haberte presentado 'formalmente' nunca.

De Jorge Ahlers me quedo con su atención. Es increíble lo agradable que resulta este chico, y la preocupación que mantiene por los demás.

Somos muchos... Seguro que se me olvida gente.

Este año, como el anterior, los grupos se han mantenido salvo ciertas desavenencias. Pero no por no hablar unos con otros nos dejamos de lado. En una carrera en la que por tradición prima la competitividad y las ganas de superarse a sí mismo, no podemos dejar de lado nunca a los compañeros.

Pese a no haber hablado nunca o casi nunca con algunos de vosotros, los detalles no escapan a la comprensión humana, y todos y cada uno de vosotros tenéis esa pizca de especialidad que hace que nuestro grupo sea tan variado y fascinante. 

Cada uno de vosotros, con sus manías, sus gustos, sus críticas y su forma de hacer me ha hecho sentirme orgullosa este curso del grupo del que formo parte. Es un placer compartir auditorio en exámenes con todos y cada uno de vosotros.

Aunque más que una piña seamos una macedonia.

Feliz verano a todos. Gracias por estos nueve meses de embarazo tan llevaderos. En verano toca dar a luz. Dar a luz a las ideas, porque siempre se piensa mejor cuando no te obligan a hacerlo. 

Luchad por lo que queréis y que nada ni nadie apague vuestras ansias de saber. Volvemos a casa, pero yo dejo aquí un pedacito de vida. 

Hasta el año que viene, compañeros.


Fdo. Ana Esther Méndez Romón
Orgullosa compañera de estudios.

domingo, 24 de junio de 2012

Barrenderos de voluntades perdidas


1:17 de la mañana. Dicen que si revelas tus deseos no se cumplen. Dicen que si no los quemas en la noche de San Juan, tampoco. No creo en la superstición. Tampoco creo en la suerte. Ni siquiera creo en mí misma. Por eso, esta noche, he decidido ser cobarde y relegar mi destino en manos de una suerte que no escucha. Soy atea a la fortuna, pido milagros sin unir las manos y rezarle al karma.

1:19 de la mañana. Sigo sin creer en ello.

1:20 Mi habitación está en la penumbra y a través de la ventana abierta penetran las luces dinámicas de los coches que transcurren por la Avenida. Cada vez que se agota la voz de la canción de mi reproductor, escucho el repicar de tacones y zapatos de los transeúntes que, azarosos, se dirigen hacia el corazón de Salamanca para oxigenar sus pulmones, beber y olvidar.

1:22 Dejo de teclear. Mis pulmones naufragan en el contaminado aire del cuarto. Las ventanas abiertas no son suficientes para mitigar esta inseguridad. Frustración. Impotencia. Inanición.

1:23 Un suspiro. Dos instantes. Tres parpadeos. Retomo la tarea y me doy cuenta de que al lado del portátil, sobre los apuntes, reposa ese post-it limonado sobre el que hace ya un rato dejé caer mis últimas voluntades.

1:24 La música se apaga. Durante los cinco segundos entre melodía y melodía, no escucho nada. Se han agotado los pasos. Se me han agotado los suspiros. Standby.

1:25 De nuevo, vuelvo a mirar el post-it. En él, escribí un sueño, una ilusión. Una breve locución de un alma herida, agazapada entre miedos que aún niega a terceras voces. ‘Soy fuerte –piensa- pero aún no lo sé’.

Es la 1:26 de la madrugada y sigo sin creer en mí misma ni en las sentencias de mi alma.

1:27 Tras un rato meditándolo, he decidido que lo haré, lanzaré esa nota inútil por la ventana, para que, aunque no se solucionen mis entresijos, consiga deshacerme de ellos durante unos segundos. Un instante, tal vez, de fingida calma.

He doblado el post-it. Hoy no me sirve la parte adhesiva. No quiero que se adhiera a nada, quiero que vuele, que vuele y que llegue a donde tenga que llegar. Tal vez alguien un día lo encuentre y se dé cuenta de que esos trazos también le identifican. He decidido leerlo en voz alta antes de arrojarlo a la Avenida. Si los dices, no se cumplen. Si no los dices, tampoco.

1:29 Rompamos las reglas.

‘Mi deseo para San Juan este año ya no es la felicidad, sino la madurez que me hace falta para ser feliz. Como nunca se cumple, este año no lo quemo. ¿Eres mi felicidad?’.

Es la 1:30 y ya ha caído, está en el abismo de la acera.


Quién sabe, tal vez aparezca mi príncipe azul. Aunque sea un barrendero. 

lunes, 21 de mayo de 2012

Quo Vadis


Te suena todo a latín. 






Las cosas se agolpan en la rejilla de tu incomprensión. No hay desagüe que valga, te sientes ahogado. Todo sucede demasiado deprisa y los pequeños detalles se agolpan a las puertas de tu entendimiento. A codazos. Dando gritos. Increpando. ¿Por qué no les dejas entrar? Necesitan pase VIP para introducirse en tu sala recelosa, temeraria, revestida de alegría y con trasfondo de penuria y melancolía. El papel de la pared se cae a pedazos. La pulcritud de tus rincones ha quedado cegada por la desolación. No sabes qué hacer. Quo vadis?

Imberbe. Te sientes como un niño, como el niño que un día quiso echar a correr sin mirar atrás. Hacia ninguna parte. Esa fantasía tan recurrente en largometrajes y videoclips, de la que te sientes protagonista. Cerrar los ojos para no pensar, y después respirar. Y respirar y volver a sentir ese titubeo, ese suspiro entrecortado. Y volver a correr, y correr y correr. Y no parar. Hasta desfallecer. No sabes qué hacer. Quo vadis?


Has caído en el suelo. Pero no has tropezado. El cansancio ha procurado que te detengas. Quizá para ti haya reservada algo más que una carrera. Quizá para ti, la avalancha sea repentina, pero eficaz. Todo sucede demasiado deprisa, pero ya lo has entendido. ¿Y por qué no arriesgarse? Al fin y al cabo… No sabes que hacer, pero...


Alea iacta est. 

sábado, 19 de mayo de 2012

Sangre y alcohol


Te falta sangre en las venas y te sobra alcohol.
Eres poeta de tus necesidades. Un continuo soliloquio que diriges, produces y protagonizas. Sostienes la falacia de que el guion es tuyo, pero no es así. Eres una marioneta de tus propios antojos, que inundan tus manos de aire y tus palabras de vacío. Persigues a la rutina y la rutina te persigue a ti. Te sientes dominante porque te acorrala tu propia vanidad. Eres líder de nadie, profeta de indiferentes. Fustigas a los distantes, porque no persiguen tus elogios. Miembro de la egolatría, solo aceptas a quienes saben mezclarte las copas. Cóctel con absenta. Vives para sentir y sientes para vivir. Pero no te has dado cuenta de que estás muerto. Falleciste entre copas de alcohol, deshecho en la penuria de lo que no hiciste. Hundido en la indecisión de lo que pudo haber sido. Qué triste es vivir sin arriesgar. Pero más triste es morir sin haberlo intentado.




Te faltó sangre en las venas. La supliste por el alcohol.

lunes, 14 de mayo de 2012

El hijo del fontanero

     El avión despega. Hoy sube Pellegrini y baja Lotina. Así lo muestra la sexta página del Periódico de Cataluña. Y es que nuestro momento es comparable al del vuelo de un Boeing 787. Aproximadamente, unos 200 pasajeros son los únicos privilegiados que tienen su plaza en él, mientras que el resto continúa en la tierra, ahogándose en el diluvio universal. Y nunca mejor dicho, puesto que a la democristiana Ángela Merkel parece que le da la espalda hasta su propio Dios. ‘Tropezón de Merkel’ titula el editorial catalán. Resulta que su popularidad ha crecido de forma inversamente proporcional a como lo han hecho sus apoyos. Ser Trending Topic en Twitter no es sinónimo de buena noticia, precisamente. Y si no, que se lo digan a Lotina. Pocos centímetros separan en el papel a estos dos personajes, tan distantes geográficamente. Y es que las apoteósicas carreras de ambos descienden precipitadamente, de forma tal que recuerdan a Jack Wagner en Aterrizaje Forzoso. 

     El peligro está de moda, oiga. Las próximas portadas de las revistas de moda nos revelarán las claves para estar guapas en nuestro sustillo de muerte; en Vogue los diseñadores más prestigiosos se apuntarán a esta nueva tendencia mostrando sus colecciones más atrevidas, y en la Cuore podremos ver los AARG!’S más morbosos de nuestras estrellas estrelladas.  La moda es el riesgo. Albelda ya lo ha probado. En Ibiza, concretamente. Quizá algún seguidor del Shalke manipuló los motores de la avioneta (un sabio dijo una vez que en las Baleares hay más alemanes que en la propia ciudad de Berlín). También se apuntaron a la diversión los herederos al trono de Noruega. Haakon y Mette-Marit fueron evacuados hace pocos meses de un avión en el que se producía una explosión. Quién sabe, tal vez su cuñaíta Maria Luisa le tenga guardado un cierto resquemor. Las herencias, oiga. Y siguiendo con los aterrizajes forzosos… Algo que conoce muy bien también el singular Margallo, cuando afirmó que sintió los primeros días del gobierno popular como un aterrizaje forzoso, ‘como quien se ve obligado a cambiar las cañerías, al tiempo que continúa dando agua’. Nuestro Ministro de Exteriores tiene vocación de fontanero. Confiemos en que realice bien su trabajo y no se encargue de hacer favores a amas de casa que curiosamente no saben emplear los anticonceptivos. Estén tranquilos si su próxima chapucilla es en casa Islandia, la Primera Ministra es perfectamente homosexual. Aunque aquí hay mayonesa para una telenovela europea. Hablando de hijos de fontaneros,  Leo Kirch amasó toda una fortuna y terminó cayendo en bancarrota. Así que es totalmente desaconsejable. 

     No echemos más Urdangarines al fuego, la cosa no está como para tirar cohetes, Froilán. Hijos de fontaneros, sorpresas mañaneras, ahora el tema va de penaltis.  Como el de Ramos, si es que la Rae aún no ha inventado un nuevo término para designar a ese ataque a la Estrella de la Muerte. Y a continuación Fundéu nos enseñará a escribirlo bien, como decía un twittero. Y para terminar, Bibi Aído nos dirá cómo ponerlo en femenino. Y es que la cosa va de aviones. O de OVNIS. O de cosas que vuelan, qué más da. Incluso de buques, si quieren. El caso es que nuestro Titanic se hunde. 2012, el año del fin del mundo, así lo dijeron los mayas, y así está siendo, al menos, para mundo moderno. Porque el antiguo se murió hace mucho. Entre la decadencia y la pobreza. Fue un calling station, que diría un jugador de póker. El problema es que a este le han obligado a ser pasivo, no lo hizo por convicción. El dealer ha repartido las cartas a su conveniencia y no nos damos ni cuenta. Solo ahora, cuando las cartas nos las empiezan a quitar a nosotros. Y ya es tarde. Hemos perdido un juego en el que siempre se nos avisaba. O eso creíamos.


     Porque no nos ha llegado por Whatsapp.





domingo, 13 de mayo de 2012

El escombro de una vida


     Amanece en Angry Land. 

     Las primeras luces se infiltran en la habitación, discretas y mudas, a través de los cristales del ventanal, reverberan en el espejo de la habitación, y terminan sumiéndose en los cabellos de una mujer que postrada, dormita plácidamente. De no ser por el sonido de su respiración entrecortada, podría asegurar que está muerta. De vez en cuando se mueve, girando sobre sí misma entre unas sábanas de algodón color caoba que ahora mismo se deslizan peligrosamente hacia el precipicio de la cama. Sus pies sobresalen varios centímetros del colchón, esperando que las zarpas de ese monstruo infantil con el que tanto soñaba, se la lleven consigo hacia los bajos más oscuros de la cama. La máscara de pestañas corrida por sus mejillas desvela lágrimas secas que un día expresaron dolor. Hoy tan solo desesperanza.

     Podría averiguar figuras entre las formas de sus marcas. Se automutila, para que el daño que los demás puedan hacerle no le cause más dolor del que ella es capaz de infligirse. Entre sus manos ennegrecidas reposa un reproductor mp3 al que aún no se le ha acabado la energía. Coldplay le canta a todas las cosas estúpidas que hizo. Singing out, oh I never meant to cause you trouble. Oh, I never meant to do you wrong. En ocasiones le hubiese gustado evolucionar, ser diferente, pero terminó apagándose como la bombilla de bajo consumo de la mesita. Fue una mujer muy hermosa, radiante, esplendorosa, siempre con una sonrisa cruzada en la cara. Parecía que aquel gesto era el hilo que articulaba todo su cuerpo. Nadie la imaginó frágil, ténue, fútil. Su belleza le llevó a la perdición. Su entorno comenzaba a verla como un pedazo de carne sin motivaciones ni conversación, una cara agradable como muchas, que jamás llegaría a entender ciertas conversaciones y a la que se le vetaban ciertos temas. Los hombres la tenían por tonta. Corta, desequilibrada y estúpida. Era un aparente objeto de muchos, pero propiedad de ninguno. Muchas veces se hacía la ignorante. Callaba y asentía, guardando todo aquel rencor hacia quienes la pisoteaban. Con el tiempo empezó a serenarse. Ya veía venir a todos y cada uno de los hombres, siempre supo quién merecía la pena y quién no. Y cuando decir hasta aquí. Aprendió a plantarse, a emplear las evasivas, a ser un poco perra, a ser paciente, a pedir perdón y a perdonar. Pero nunca se perdonó a sí misma.
     Nunca supo aceptarse. Nunca se amó, ni se dirigió una palabra de afecto. Y terminó sobre un somier desgastado en una habitación vacía. Tirada y tarada. Sin planes de futuro ni mayores picardías. Abandonó su alma junto a un frasquito de cristal en lo alto de la cómoda, se desprendió de todos sus recuerdos y regresó a su mundo de la Nada. Terminó siendo lo que nunca quiso ser, un cuerpo vacío en el escombro de una vida.
  Oh no, I never meant to do you harm ...

     Anochece en Angry Land. Las luces artificiales de la ciudad han reemplazado a la cálida luna, que esta noche no saldrá. El reproductor se ha apagado y la habitación ha enmudecido. Ya no se escucha suspiro alguno ni respiración. Musarañas invisibles comienzan a tejer sus telas alrededor de un cuerpo que sin vida, se extiende a lo largo de una cama. Las sábanas reposan en el suelo. Han sabido bajar a tiempo de un tren que ha terminado descarrilando. Tan solo un último movimiento perturba el sosiego de aquella habitación. 
     Un osado bote de pastillas se desliza entre unos dedos que un día tuvieron una mejilla a la que acariciar. Mientras se desploma por el suelo todo su contenido, una sonrisa desgastada se dibuja en un rostro que jamás perdió la esperanza de volverse a encontrar…
    
    

     Hasta exhalar su último suspiro.





martes, 8 de mayo de 2012

Primer escalón


     Recién llegada a casa después de un día intenso y decisivo en nuestra carrera. A priori puede parecer absurdo, pero os puedo asegurar que la visita que hoy hemos realizado a Madrid ha cambiado aún más -si cabe- mi forma de ver el mundo, mi mundo, nuestro mundo, el mundo de la Comunicación, y sobre todo, del Periodismo. 

     Conforme se iba acercando el autobús a la calle Arturo Soria sentía palpitar algo dentro de mí. Podría asegurar que el autobús entero vibraba en el momento en el que nos acercamos a las instalaciones de Unidad Editorial. Un breve recorrido por las redacciones de 'El Mundo', 'Expansión' y 'Marca' aceleraron el pulso de los allí presentes. Alguien vio a Pedro J. A otro le rozó el hombro. Los bajos instintos se apiadaron de muchos, y de otros tantos las ganas de aniquilar. El culmen: comprobar cómo se trabaja en uno de los estudios de Radio Marca. 

     Tras una breve pausa para comer, nos adentramos en el aparentemente desértico mundo de Antena 3. Sentados en el plató de 'Espejo Público' podríamos adivinar entre las sombras la figura de Susana Griso, y de los cientos de personas que forman parte de su equipo. Una trabajadora un tanto exigente nos aleccionó sobre las medidas a tomar para luchar por nuestro futuro: trabajo, trabajo y más trabajo (e idiomas), pero no sirvió para hundirnos, sino para motivar nuestro deseo de luchar por comunicar. Paseando por los pasillos nos topamos con Manu Sánchez, más delgado de lo que aparenta (es cierto eso de que la televisión engorda); y llegamos al plató de informativos, donde nos encontramos para nuestra sorpresa con el grandísimo Matías Prats, que nos regaló diversos consejos para fomentar nuestro aprendizaje. Roberto Brasero subía por las escaleras mientras abandonábamos el plató, y los azorados redactores trabajaban como si aquel mundo de sueños fuese lo más cotidiano para ellos.

     Tras recorrer varios metros llegamos al estudio de 'Ondacero', de donde salía el mismísimo Raphael, tras ser entrevistado. '¿Venís de Salamanca? Si acabo de actuar allí!' Y entre varias risas y gestos peculiares nos despedimos de otro grande. Carlos Alsina merodeaba entre las mesas de redacción, y de Julia Otero solo pudimos percibir su voz a través de las ondas, ya que ella emite desde Barcelona. 

      La visita concluyó, y con melancolía, regresamos a Salamanca, donde ahora nos encontramos. 

     Viento en popa a toda vela. Tras haber podido presenciar todo esto hoy, y haber podido contemplar a José Ramón de la Morena ayer alabando a las chicas del Perfumerías Avenida, Pablo Alborán y el mismísimo Vicente del Bosque en la retransmisión de 'El larguero' desde Salamanca... 

     Solo puedo decir que lucharé por comunicar, por hacerlo eficazmente. Y sobre todo, por conseguir que miles de personas puedan sentirse acompañadas a través de lo que un día se creó para informar, y que hoy se ha transformado también en una lujosa compañía de la que me gustaría formar parte. 

     Jamás se me olvidará este día. 

     Y no puedo estar más orgullosa de estudiar PERIODISMO.

martes, 13 de marzo de 2012

Alicia en tierra de nadie

El cuento de hoy tiene como protagonista a una niña. Alicia en el País de las Maravillas. A una niña, a un niño, a una mujer, o a un anciano. O a ti. O a mí. Sé un poco egoísta, aplícate cuentos. Alguien dijo una vez que somos los protagonistas de nuestra propia historia. Yo no poseo largos cabellos dorados, pero sí una melena clara. No calzo zapatos de charol, sino manoletinas color crema. No llevo un vestido azulado, pero sí unos vaqueros  ajustados. No me llamo Alicia, pero mi nombre comienza por su misma inicial. Y me encuentro en el País de las Maravillas. De maravillas excéntricas y paradojas corrientes.


Paseamos entre libros que sonríen a través de espeluznantes ilustraciones y de vivos colores. Una de las portadas me recuerda vagamente al retrato de Maquiavelo. Tan desabrido como frustrante. Dejamos de lado a este andrógino esbozo y continuamos caminando entre pestañeos. 1927, 1936, 1945, 1987, 2010… Decenas de Alicias llegadas de todas las épocas pueblan las vitrinas, mientras almuerzan tranquilamente con los animales del campo o son amedrentadas por una temible Reina de Corazones.
     Y entonces, como por arte de birlibirloque, un leve roce hace que crezca al igual que lo hizo Alicia. Crezco y crezco hasta que la pared advierte mi respiración. Y entonces, suspiro. Y regreso a mi tamaño original. Ahora un río de emociones embriaga la sala. No puedo nadar a contracorriente, así que me dejo llevar. Y mis ojos continúan paseando y saltando de expositor en expositor mientras disfrutan de la maravillosa exposición que la Biblioteca Torrente Ballester ha preparado para este mes. Todo un recorrido a lo largo de la vida y la historia de este popular cuento infantil. Todo fluye como si nada alterase el orden establecido.
      
      Cuando por fin salgo, medito y me doy cuenta de que esta catarsis repentina no es casual. Todo tiene el sentido que le queramos dar, y la importancia que le queramos otorgar. ¿Dónde fue a parar Alicia en aquel sueño? En tierra de todos. En tierra de nadie. En su tierra. Tal vez en ninguna parte. O tal vez en su subconsciente. Puede que Alicia simplemente necesitase recorrer su interior para dar respuesta a esa ingente cantidad de preguntas que se plantea una niña. Puede que simplemente todos seamos un poco Alicias y un poco niños, y que quizá, lo que aparenta ser un cuento no sea más que una semilla que estimule esa búsqueda constante de respuestas en nuestro interior.
       
       Puede ser que sea, que siendo será. Que si no ha sido, jamás es. Incongruencias tardías.
      
     Voy a sumergirme en las lágrimas de mi pasado antes de que sea tarde. Voy a hacer inventario de las cosas que no dijimos, de las que sí diremos y de las que tal vez, ya estamos diciendo. Porque... ¿De qué sirve un libro sin dibujos ni diálogos? ¿De qué sirve observar sin comprender?

lunes, 27 de febrero de 2012

Desenfocado

         Lunes. Siete de la mañana. Como cada día, el inoportuno despertador canturrea sus características melodías cíclicas a la espera de que le hagas unos coros que nunca llegan. Pum. Manotazo en una de sus sienes campanoides que lo hace callar. Normalmente, esto viene acompañado de un golpe seco contra el suelo. Violencia doméstica en toda regla. Sin embargo, al recogerlo compruebo día tras día que es más férreo que los luchadores del League of Legends. Recojo los pedazos de sueño que he dejado en la almohada y los llevo conmigo a la cocina. Mientras preparo el desayuno, imagino cómo será el día. Tengo dos opciones: o bien reconstruir ese sueño premonitorio nocturno como si de una visión del maestro Joao en un programa de videncia de DATA TEST se tratase;  o por el contrario, tomarme el café igual que ayer y del mismo modo como lo tomaré mañana. Las ocho menos veinte. Durante cuarenta minutos he echado a volar por la cocina. Mi mente se ha posado sobra la parte superior de una estantería samaritana que se apiadó del pobre polvo hace varias semanas y por –más que- pena –vagancia- he dejado yo también vivir. He dibujado ángeles y demonios sobre él como si de nieve se tratase. Tan pequeños, tan ínfimos, que no se ven a simple vista. Si fuese algodón, ya tendría bisinosis.

          Me levanto de la mesa pensando que esto no me lleva a ninguna parte. La bohemidad de fumarse un cigarro contemplando la luna se la dejé a Sabina, y las tardes de cachimba a los modernos de la facultad. A todo esto, ya me he vestido, y estoy saliendo por la puerta. Rutina y rutina tras cada escalón. Tirones, el perro de los vecinos, me espera al otro lado del rellano con esa efusividad que le viene de serie. Hoy no, que me manchas. Hubiera jurado que en el momento en el que me alejé de él, su cara se ensombrecía y lloraba. En el fondo las personas no diferimos tanto de los animales. Tirones es como aquellos que requieren de atención constante creando una fachada de egolatría que solo un ingenuo se cree. Pero como le importes, el escenario se desmorona y los actores quedan desnudos y visibles en el backstage. Sí, muy erótico todo. Pero son las ocho de la mañana. Salgo a la calle y ni siquiera una ráfaga de aire helado me golpea el rostro. El tiempo hoy está calmado, al igual que yo. Ego aparte, cuando era más pequeña consideraba que el tiempo meteorológico podría llegar a reflejar en cierto modo mi estado de ánimo, el estado de ánimo de las personas. Me doy cuenta entonces de que no tengo piedras en mi camino que saltar, que mis días serán paulatinamente tediosos… Y un embriagador pesar recorre mi alma montada en espasmos sonoros como si se tratase de la alarma de un…

          Suena el despertador. Me levanto de la cama de golpe e inicio mi ritual diario, con la salvedad de que hoy he cambiado de café. De hecho, hoy voy a tomar Cola Cao. Esta noche he tenido pesadillas. Recordaba mi antigua vida, una insulsa continuidad. Lineal. Más lineal que los discursos de nuestros presidentes. Y a la vez cíclica. Una pescadilla que se muerde la cola. Una vorágine extraña y nauseabunda en la que ya no sabía lo que era blanco y lo que era gris. Pasan los segundos, los minutos, las horas. En estos momentos me encuentro con una NIKON D3000 entre mis manos, siguiendo el trasiego de varias hormiguitas que descienden por la rama de un cerezo. Pero están desenfocadas, porque al igual que mis sueños estaban distorsionados, lo que se observa con más nitidez es la textura de la rama, el fondo de una imagen en la que muchas veces no nos fijamos, porque nos importa más el sujeto que el hecho. Intento mostrar el movimiento de las pequeñas hormiguitas de un lado a otro del árbol, ajenas a quien las intenta retratar. Así es mi vida hoy. Durante mucho tiempo puse grandes expectativas en una ciudad completamente ajena y en personas que jamás llegué a conocer de verdad. Ha llegado un punto en el que las chispas comienzan a increpar a las brasas. Voy a pisar por encima. Ahora todo es diferente, más sencillo, menos extraño. Las cosas comienzan a tomar sentido y me siento en casa. Hoy he hecho de este lugar mi hogar, cambiando de plano y de perspectiva. Hoy me siento plena.  Hoy, esta es mi casa. Esta es mi ciudad. Cuando te dan un pequeño papel en ella, cuando comienzan a confiar en ti… Más te vale cambiar de desayuno.

         Ya no me anticipo a lo que ocurrirá mañana. Ya sé que todo puede ocurrir.

martes, 31 de enero de 2012

Naranja

    «Eran las cinco de la tarde de un martes de finales de abril. Julio Orgaz había salido de la consulta de su psicoanalista diez minutos antes; había atravesado Príncipe de Vergara y ahora entraba en el parque de Berlín intentando negar con los movimientos del cuerpo la ansiedad que delataba su mirada».
   
    Con esta apertura inicia Juan José Millás su novela titulada El desorden de tu nombre. En ella, se narra la forma de enamorarse de un hombre -esa forma de iniciar una dependencia consentida que tan pocas veces es real y tantas veces es fingida-. Julio, se llamaba. Pero podría haberse llamado Pepe, Lucas, Nicolás, Martín, David, Mario, Fulano, Vengano, Frutano... Pues bien. Este hombre se prenda de una mujer, Laura -que también podría haberse llamado Zulema o Zaraida, aunque sin desprestigiar a nadie, agradezco personalmente la elección del nombre al autor-. Una historia de amor, una novela rosa más.
  
    En incontables ocasiones pensamos que la mejor aliada de la inspiración es la soledad. ¿Cómo puede ser que un sentimiento tan lúgubre ayude a componer obras con este tipo de carices? Obras que están cargadas de emoción. Obras que están cargadas de sentimiento. Muchos dicen que esta no es de las mejores obras de Millás, que se reduce a la predictibilidad e incluso, a la monotonía. No opino del mismo modo, siento discrepar. Al igual que para mí, El coronel no tiene quién le escriba es la mejor novela de Márquez, considero que por los mismos motivos, El desorden de tu nombre constituye el culmen de la obra de Millás.
   
    Y es que se nace para dejar huella en el mundo, ya sea en una única persona o en ochocientas. Estas obras consiguen dejar una huella profunda en cada uno de los lectores a los que acapara, ya sea grande, pequeña, consciente o inconsciente. Y es que en ocasiones no nos damos cuenta de lo que bulle en nuestro interior, somos pura hormona revolucionada mucho más allá de la apoteósica pubertad. En ocasiones es necesario recibir unos golpecitos en el hombro que nos hagan percatarnos de que no todo tiene por qué ser negro, o gris. Las cosas pueden ser transparentes, translúcidas. Se puede ver a través del papel maché. No es necesario recurrir a la literatura para poder soñar. Dice Albert Espinosa, que «si crees en los sueños, ellos se crearán». Los sueños comienzan a transformarse en realidades en el momento en el que decidimos poner un pie fuera de la cama en la que dormita nuestro ser. No necesitas ser un niño para mantener las esperanzas, todos las tenemos bajo nuestra fachada de puritana frivolidad, es nuestra segunda piel, y como tal, dormita esperando el momento en el que el cerebro decida dejar de jugar y comience a ordenar al corazón que se despoje de ese traje de neopreno que, lejos de evitarle frío, le está haciendo mal. El corazón se hiela sin motivaciones, y esas motivaciones son los sueños.
   
    En ocasiones te niegas a rectificar, piensas que estas ñoñerías solo suceden en las películas que las cadenas de televisión compran a precios irrisorios con el objetivo de paliar el tedio de las amas de casa. No sé cómo explicar el cambio, la transformación que se sufre desde toda aquella aparente pérdida de esperanza e ilusión, hasta el momento en el que algo que llevas esperando desde el momento de tu gestación, cuando ni tú mismo eres consciente de la envergadura de lo que se fragua... Aparece. Me viene un símil. Tal vez un tsunami podría emular ligeramente el torbellino de escalofríos y cosquilleos que recorre todos y cada uno de los órganos vitales en el momento del cambio. Es ese momento en el que, como dice Albert Espinosa en su novela El mundo amarillo, aparece tu amarillo, una de esas personas que te marcan para toda tu vida. Es entonces cuando la ficción literaria de la huella y el destino comienza a tomar forma, comienza a desarrollar una fisonomía. Cierra los ojos, ya puedes perfilar su contorno. Esa persona existe. A partir de ese instante, comienzas a experimentar tumultos hormonales que te indican que ese alguien es más que un simple amarillo, amarillos puede haber 23, según dice Albert. Como este solo puede haber uno. Uno en toda tu vida. Le caracteriza el color naranja. Su aura amarilla comienza a anaranjarse, para identificarse ante ti como lo que es: esa mezcla entre pasión exacerbada y el amarillo que es y será toda su vida para ti. Es amor. Y lo demás son tonterías.

    Busca a tu amarillo, tal vez un día comience a anaranjarse. Por el momento, no puedo contarte más. Mi amarillo ya se ha anaranjado. Se anaranjó hace ya tiempo, en un sueño ambientado en la plaza de una hermosa catedral. A día de hoy, aún no he creado una nueva palabra para definir la sensación que me produce su mirar. Espero no encontrarla nunca, porque eso significará que su color seguirá intensificándose a la par que mis sentimientos hacia él. Lo que siempre he sabido, es que es mi amarillo anaranjado, rojo, azul, verde, blanco, negro, beige, multicolor.

Dedicado a mi Sol anaranjado [ desdeleonconamor.blogspot.com ]

sábado, 14 de enero de 2012

La Transición española en los medios escritos: El País y ABC

Os presento un pequeño vídeo ilustrativo para un trabajo de clase... A modo de resumen, pretende completar una exposición que versará sobre el mismo tema: el impacto de la Transición española en los medios escritos; en concreto, en los periódicos ABC y El País.
¡Espero que os guste!

El impacto de la Transición española en los medios escritos: 'El País' y 'ABC' from Ana Esther on Vimeo.