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lunes, 14 de marzo de 2011

No se me acaban las excusas...

Nunca se me ha dado como me gustaría escribir una carta de esta magnitud. Y menos aún en esta situación. Un profesor me señaló una vez que tal vez la forma de aquellas palabras empleadas era demasiado retorcida y renacentista, y en aquel momento no le creí. Pero supongo que no le faltaba razón. Cuando intentas relatar algo que no existe y te sitúas en la tesitura de esa abstracción sumamente intensa para poder inmiscuirte mejor en su esencia… Todo se torna difuso.

La gracia recae en que en estos momentos existe algo que impulsa mi pincel a deslizarse sobre este papel rosado, a dibujar una sonrisa en esa tez pálida que desconocía el significado de libertad. La piel se había impregnado de una tediosa monotonía que cada día calaba en su ser con mayor precisión, hasta subyacer bajo su atormentada alma acongojada… Para serte franca, siempre he tenido miedo, mucho miedo. Miedo al vacío y a la oscuridad. Miedo a socializarme… Miedo a que me tengas miedo. Miedo al miedo. Al menos he descubierto que soy algo más fuerte de lo que creí. Jamás pude imaginar que volvería a encontrarme sobre este folio arrugado, derramando un par de lágrimas que infringen las normas del pasado que por fin dejé atrás. Al fin y al cabo, nada puede callarme. Soy poeta de tus labios. Dibujo con soledad sonora todo aquello que no te atreviste a pronunciar. Soy musa de tus ojos que me observan curiosos intentando descifrar un mar de dudas ocultas tras mi cristalino plácido y expectante. Lo que no puedes imaginar es que aquel mar de emociones que sacudían espasmosamente tu pecho eran las mismas que recorrían mi espalda cuando me hallaba frente al reflejo de tus ojos. Jamás podrás imaginar la inmensidad de colores, formas, olores y sabores que comprobé a través de ellos. Un recorrido afrodisíaco en el que ambos bailábamos, como salidos por arte de magia de una cajita de música celeste sin batería ni motor.

Quiero… Quiero volver a mirar esos ojos y volver a sentirme como una pequeña muñeca mecida entre tus pestañas… Quiero ser la luz que se refleja todas las mañanas en tu mirar, la sonrisa de resignación que esbozas cada día intentando demostrar que todo va bien… La niña que te pegaba plastilina en el pelo, la loca que se descalza y cruza los charcos mojados mientras el frescor del agua penetra en su piel, la mujer a la que observas cada noche y no aciertas a dibujar su rostro… No pretendo que me entiendan, no pretendo que lo hagas. Y esa sensación de lejanía y desconocimiento la aniquilé desde la primera vez que suspiré por tu zalamero encanto. Quiero viajar por tus lunares, ser espía de tu sueño, astronauta de tus ilusiones, turista en tu pelo, acróbata de tus manías, abrazo en tu oído…

Si crees que el tiempo refleja tu estado de ánimo, seca esas lágrimas tardías, alza la vista y observa este día nuboso… Y la sonrisa de la nube que hay en ti. Porque pese a que todo se transforme en un huracán sombrío, la esperanza siempre permanecerá en ese espectro nuboso que te contempla a cada paso, cada instante. Será entonces cuando verás las estrellas… Y si te das la vuelta, allí estaré yo. Y aún no se me han acabado las excusas… No puedo articular nombre alguno para esto que siento. Solo sé, que no te miento…

Ana Esther

miércoles, 26 de enero de 2011

Frustración

        Hoy os dejo un vídeo con la lectura para escuchar, no se caracteriza por su buena calidad de audio, porque mis recursos en Salamanca son limitados, por eso os recomiendo auriculares o altavoces altos y un ambiente solitario y silencioso. ¡Espero que os guste!

       Te conocí aquella mañana de octubre cuando ya no permanecía en ti atisbo alguno de fortaleza. Llegaste con esos ojos plomizos inundados en una extenuación que ya se había asentado en ellos de por vida. Con los labios agrietados por las gélidas palabras que tuviste que pronunciar. Con aquellas manos amoratadas por los golpes que te viste obligado a propinar… Con un millón de esperanzas desvanecidas, con tus expectativas rotas en mil añicos inútilmente recuperables… Con aquella sonrisa lánguida y forzada que se había colocado estratégicamente en tu rostro como cosida por mil agujas de acero y un puñal de cartón…
        Te vi, te vi, te vi mil veces. Te miré, te observé. Me gustaba contemplarte más allá de lo que cualquiera que permaneciera en aquella sala pudiera llegar a hacerlo. Porque todos veían tus agallas, tu osadía. E incluso, tu arrogancia. Una arrogancia defensiva que te proporcionaba un vínculo sombrío de protección contigo mismo. Ellos te miraban, pero no te veían. Ellos te oían, pero no te escuchaban. Te tocaban, pero no te sentían. ¿Dónde quedaste?
        No hace mucho alguien preguntó qué es la frustración, y si tenía algo que ver con la impotencia… Tú sabes muy bien lo que es impotencia… Impotencia es un querer y no poder. Es una sonrisa atascada en mitad del camino. Es un corazón restringido por un cerebro locuaz que no descansa. Es el irremediable sufrimiento por otorgar todo lo que posees y no recibir siquiera una cálida mirada que acompañe tu intrínseca soledad. Son uno y mil impulsos reprimidos por algo que no puedes controlar. Es una carencia de autoconocimiento personal. Es un abrazo mal sentido, un gesto equivocado que te impide llevar a cabo eso que deseas realmente. Es un sentimiento. Un sentimiento que se apodera de tu alma y la aniquila sin tregua. Son puñados de suspiros que te ahogan, te absorben, te maltratan… Es la respiración que destroza tus pulmones y colapsa tus vías. Es el sentimiento agazapado, la emoción encogida sustituida por un silencio sepulcral que te atormenta y te va inundando poco a poco… Hasta que desfalleces. Es entonces cuando la melancolía y el fracaso por no poder dominar tus propios impulsos ni ser capaz de hacer eso que tan ligeramente proclamaba aquel libro de autoayuda se traduce en una frustración acompasada a la pasada impotencia. ¿Qué es frustración? Frustración es comprobar cómo a cada minuto se te escapa ese puñado de ilusiones en el que habías puesto tus mejores esperanzas, esas vagabundas que te quedaban en tu proscrito corazón como piezas desencajadas… Frustración es el desengaño cotidiano de la vida, la mezquindad de las historias bonitas, el desasosiego de los genios, la indiferencia acomodada con los años en el espíritu del experimentado… Un vídeo me mostró lo que es la frustración oculta bajo un manto de ironía ácida que intenta desesperadamente y sin resultado endulzar el sabor insípido de determinados momentos… Y digo determinados porque el truco está en no ser dominado por ninguna de estas emociones. El ser humano las genera y se sitúa en aquella delgada línea que separa el éxito del fracaso, realizando malabarismos emocionales que diviertan al público aburrido de historias felices y risueñas, ávido de situaciones morbosas y desencuentros íntimos que les lleven a pensar que su vida no tiene por qué ser la más desgraciada, que hay otros que pueden estar peor. Curioso modo de masoquismo y compasión. Curioso método de autorelajación. Pero quién sabe, puede que todo esto no sea más que una divagación más que permanezca suspensa en el aire hasta que alguien esté dispuesto a atraparla… Quién sabe… Al fin y al cabo, no sé qué es la frustración. No sé qué es la impotencia. Y al fin y al cabo, no te conozco…

Ana Esther

domingo, 7 de noviembre de 2010

Mi Annie Hall, mi Gioconda, mi Wendy, las damas primero...

Soy muy cría. Sí, estaba estudiando acompañada de mi (¿camarada? no, a tanto no llego) compañera de guerra, la Ambigüedad Lingüística (de hecho iba muy bien, y debería seguir estudiando), me ha sonado el móvil... y me he quedado atontada dejando que permaneciera sonando. Como comprenderás, dos minutos después... la trifulca monumental. "¿Por qué no lo cogías? ¡Sabías que iba a llamarte! Pero, ¿te pasa algo? ¿Estás bien? ¿Dónde estás? Pero, ¿estás en casa? ¿Estabas dormida? ¿He molestado? ¡Te he avisado!" [Un amigo en todo su explendor neurótico al que le debo una (otra) disculpa muy grande. Aunque viendo el panorama, su neurosis es irrelevante...] "Perdona... perdona pero me he quedado dormida."
Me resultó tan absurdo que opté por no decírselo, aunque después lo leerá por aquí... Pero en cierto modo era verdad. Fue una especie de lapsus mental. "Perdona pero... he viajado a otro lugar durante estos cinco minutos..." No iba a decirle eso. Pero sí, fue justo lo que me pasó.
Es increíble lo que una melodía puede provocar en una persona. Eso... o la nocilla que he comido a cucharadas durante las últimas dos horas. Pero me imagino que mi metabolismo estará suficientemente "chocolatizado" como para no darme problemas respecto al tema. Es increíble, que una melodía me inspire del modo en que lo hace. Es solo una. Solo una. Eso... o que estoy empezando a desvariar. A veces lo pienso y digo... "Bah, ¡es ridículo! ¡Estoy peor de lo que pensaba!" En ocasiones me avergüenza. Pero luego recapacito... Y me decido a escribir. Corto con todo lo que tenía entre manos, acerco un folio... y lo que surja, surgió. Y lo subo aquí. Ya no me da vergüenza. Por un lado las personas que se fueran a reir de mí por ello, no creo que al ver tal testamento se decidieran a emplear más de un minuto en echarle un vistazo. Por otro lado, paso olímpicamente de lo que pueda pensar nadie. Y de todos modos, puede que alguien se sienta identificado. Puede que no sea tan rara como pienso en determinadas ocasiones de derrumbe.
Seguro que no eres tan superficial como para no pensarlo alguna vez. Cuando una melodía te hace vibrar, no puedes explicar lo que te ronda por la mente, lo que ronda tus sentidos en ese instante. Puedes vislumbrar los recuerdos más profundos de los que apenas tenías constancia. O puedes, como yo, pensar en cosas que ni siquiera o apenas conoces. Te sorprendería, saber lo que puedes sentir. La sacudida que produce en tu cuerpo esa sensación. No sé si será mejor que el sexo, pero me atrevería a decir que es la sensación más gratificante que puede experimentar una persona. Y por eso es tan difícil de alcanzar en su grado máximo. Para ello, hay que saber escuchar. Saber mirar dentro de aquello que no habla, aquello que, aparentemente, está inmóvil... aquello para lo que aparentemente, crees que no eres importante, aquello que está ahí, pero para lo que eres más grande... de lo que jamás habrías imaginado. Tener la mente abierta y... sentir. Las cosas tienen un trasfondo mucho más profundo de lo que aparentan, y un simple gesto de complicidad, una simple mirada, un simple mensaje... pueden ser mucho más importantes que cualquier otra cosa. Solo hay que abrir la mente... y dejarse llevar. ¡Ojo! Cuidado aquí los espabilados de turno, puede que diferamos del concepto "dejarse llevar". Como siempre, hay algún pardal cojo que, por suerte, se desvía del camino, y solo hace falta que encuentre otra "oveja negra" de otra manada. Ojalá hubiese más de este tipo... (soy una desviada -.-')
No, no me ha afectado el Año Nuevo hindú. Ni soy budista. Ni hablo de cosas extrañas, ni pertenezco a una secta. No he tomado sustancias estupefacientes. Creo no estar loca. Y creo tener la suficiente cordura como para decir esto. Lo que te digo está más cerca de lo que tú crees, y a la vez lejos... "Tan cerca pero tan lejos", aquella típica frase-de-foto-cursi-tuenti-de-zagal-imberbe-y-sin-cerebro... a lo mejor tiene más trasfondo de lo que aparentemente representa. ¿Qué ves? Un cani en una foto, con frases como esta o "lo eres todo para mí". Frases lanzadas al vacío. Frases que no saben lo que representan, frases que han sido utilizadas para hacer más atractiva una fotografía incomible, impepinable. Reconozco que en ocasiones puede que sea muy cursi, pero... ¿acaso no lo has pensado alguna vez? Tan cerca pero tan lejos... seguramente te haya venido a la mente en más de una ocasión e instantáneamente la hayas aniquilado por su significado "cutre-tuentil".
Las cosas que se dicen sin intensidad, sin sentirlas, sin razón, o por cumplir, son como la comida de una cárcel. ¿Qué diferencia hay con la comida de un restaurante? Piénsalo bien...
Puede que todo esto que diga son meras pamplinas... o puede que mirando en mi interior realmente haya conseguido indagar un poco más dentro de ti, sacar algo tuyo. Y eso es lo que te hace ser la persona más especial del mundo. Al menos para mí. Y fíjate si soy ridícula que ni siquiera sé con quién estoy hablando. Pero estoy segura de que estás ahí, al otro lado de la pantalla. Y no sé si a ti, como a mí, te estará latiendo el corazón cada vez más deprisa. Si no es así, seguramente en menos de cinco minutos deba ir a hacerme un chequeo, tengo una subida de azúcar. Por si acaso, por hoy lo dejo aquí. No sé si me he explayado demasiado. Pero es que esta canción... me recuerda a ti. A alguien. A... no sé. No sé a quién. Love will keep us alive. Perdona pero... me inspiré.
Ana Esther

sábado, 18 de septiembre de 2010

El valor de un corazón.

Una vida humana, ¿cuánto vale? ¿Por cuánto podemos vender nuestra vida o comprar la de los demás? La solución es oscilante. Vivimos en un mundo en el que la información se satura, y se produce el atasco de la verdad. La mayor parte la farándula miente haciendo creer a los compradores que lo que ofrece en el mercado es SU vida, cuando en su lugar es lo que dicho comprador espera recibir.
Esto ocurre asiduamente en nuestras vidas. Las personas ofrecen algo intangible, utópico, a un iluso que espera fervorosamente su paquete. La cuestión es que esto no son compradores, sino meros humanos sin afán de lucro. Un intercambio desinteresado. El problema se da en que, al cabo de un tiempo, una de las dos partes, es engañada. Su paquete es como una muñeca rusa, abres una, otra, otra, otra y otra, cada vez con más ilusión hasta que al final no hay nada. Y la parte engañada termina por desengañarse del engaño del engañador, de la pantomima. Y se desmorona la idílica estructura mental que se había formado de aquella otra parte. Se da cuenta de que ha sido un simple objeto. Y se hunde.
¿Cuánto vale un corazón? ¿Cuánto vale un sentimiento? Mucho. Demasiado. Es caro el precio a pagar. Se define por el hecho, de que el 88% de las personas carecen de ellos, el 7% cree tenerlos, el 3% los ha perdido y el 2% restante lo hará en los próximos 10 minutos. Se pregona una vida que resulta infactible. Suena bien escribir unas líneas sobre el amor, sobre el odio, sobre la emoción… pero… ¿es real? ¿Se puede vivir sintiendo? ¿Pensando que tarde o temprano caerás en un bucle de engaños? ¿Se puede poner un precio al corazón?
Muy pocas personas viven de acuerdo a estos preceptos. La mayor parte de ellas lo pagan con su vida. Una vida plena, pero dura. Una combinación explosiva.
El mundo es para los frívolos que se hacen llamar “racionales”. Para aquellos que se dice que gozan de “inteligencia emocional”, entendiendo por ello que regulan muy bien sus relaciones, se engañan a sí mismos, y engañan a los demás. ¿Conviene, por tanto morir por el corazón o vivir por la frivolidad? Una vida dedicada al cinismo, y a la engañifa de un pobre iluso.
Pues bien, la frivolidad puede haber vencido y asesinado al iluso… Pero el iluso habrá dado su vida por aquello en lo que cree, por aquello a lo que ama, por el amor, la vida por la vida. Porque el corazón es vida, y quien carece de él no vive, deambula. No sueña, farda. No ama, deteriora. No siente, aniquila. Y el iluso aquel muere por su princesa… por su amada… por su ideal… habiendo vivido una vida plena, habiendo conocido la felicidad, ese éxtasis desconocido que la frivolidad cree haber alcanzado. Y que jamás alcanzará. Son las 3.39 de la madrugada… y me declaro ilusa… pero feliz por no caer en la mediocridad racional. Mi corazón muere… tal vez no despierte jamás… y probablemente… mañana despertaré inmersa en la nube racional…
Sacudidas y recelo. Temblores y temor. Excitación y pánico. Remordimientos y horror. La sangre resbalaba entre la piel húmeda por las lágrimas derramadas tiempo atrás. Los ojos perdidos en la inmensidad no buscaban culpable, sabían que ellos mismos poseían toda la carga de aquella situación. Ellos, testigos, responsables. El cerebro se evadía, no quería actuar. ¿Qué había hecho? Lo había matado. La víctima se estremecía de dolor. Lanzaba alaridos sordos difíciles de ser percibidos. Se quejaba, imploraba piedad. Gritaba, inquiría. Pero el cerebro, gélido, se limitaba a hacer su trabajo. Una tarea ardua y dura para la cual se había tenido que emplear laboriosamente. Llevaba meses planeando ese instante. Años, quizá. Pero ahora, no lo disfrutaba. Con los instintos apagados, percibía la escena. Profunda indiferencia embriagaba su esencia. Por fin, había acabado con ello. Con todo aquel sufrimiento que le había arrastrado años de penuria y de abandono. Su dueño jamás le había dado la oportunidad de manifestarse. Siempre había tenido preferencia él, y ahora, estaba allí, tendido en la inmensidad, sin función alguna, dormido durante toda la eternidad. La racionalidad carcajeaba, esta vez había ganado la guerra, a pesar de haber perdido todas las batallas, una y otra vez. En esta ocasión, se alzaba imperante sobre el propio ser, con esa frialdad y sequedad propias. Aquel momento, era digno de mención. Porque por primera vez, el cerebro, lo había logrado. Y esta vez definitivamente. Había matado al corazón. Y ella había muerto consigo.
No quiero mirar atrás pa' escupirle a mi manera a la puta soledad ...

Y en esta ocasión firma...
La Señorita Frivolidad.

domingo, 27 de junio de 2010

Presente firme, futuro incierto.

Levántate, mira, niña, el mundo es un tumulto, las gentes tiritan, el pueblo jadea, unos lloran, otros carcajean. No pretendas entenderlo, pues no existe explicación. Penurias, corrupción, mezquinos malabaristas, posibles en limitadas manos, oligarcas, encerrados en su propia construcción, estructura de oro, vigas de barro. Madres que lloran desapariciones, secuestros, hijos que jamás hallarán la llama del júbilo reflejada en sus ingenuos rostros. Niños forzados a crecer a trompicones. Inocentes ejecutados por viles falacias. Medios que crean vistosas pantallas para encubrir lóbregos bastidores. Payasos que desfilan por los escenarios cumpliendo un papel deplorable. Mayoría indiferente. Minorías activas. Atisbos de esperanza en una sociedad en construcción.
Tu papel apenas comienza. Atrápalo con fuerza, te espera una hercúlea responsabilidad. A tí, joven muchacha, y a ellos, los jóvenes, el futuro está en vuestras imberbes manos, en todas y cada una de esas extremidades novatas dispuestas a cimentar grano a grano esta gran obra. Sola, tal vez no podrás, pero no has de perder esa ilusión por conseguirlo algún día, transforma tus palabras en hechos, pero que el orgullo no te llegue a corromper el alma, pues las naciones caen por la ambición del que alcanza el poder y aspira a titanizarse.
No te pido que te desvivas, sino que sientas tu labor, disfrutes con ello, aunque has de estar preparada para apoyar a todo aquel que requiera de tu auxilio. No será un cómodo paseo, sino que se convertirá en la travesía de tu vida, una vereda a cada paso desconocida, intrigante y maravillosa, que has de descubrir, bien sola, bien acompañada, tendrás que saber adoptar la actitud adecuada en cada momento, superar las vicisitudes, no es tarea fácil, pero no has de desistir, la esperanza y la ilusión es lo último que has de perder.
Todo es efímero, pero la actuación de todos y cada uno de esos jóvenes que abren sus ojos al mundo, quedará sellada en la historia.
También puedes decantarte por adoptar instintos animales, obviar todas estas palabras y dejarte llevar por los placeres de la vida. Esa es la vía cómoda.
Tú decides, si quieres ser un primate más, o realmente alguien que, sin provocar mucho estruendo, humildemente, lleve a cabo grandes empresas.
Puedes escribir los versos más tristes de esta noche, o puedes disfrutar de tu cielo estrellado. Porque todo lo que necesitas es amor. Y porque no hay nadie a quien puedas salvar que no pueda ser salvado.
Ana Esther.