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lunes, 7 de noviembre de 2011

Invisible

Ágil, veloz, ligera, rápida. Sinónimos de lo que has sido siempre. Un fulgor repentino, una brisa huracanada. Naciste hace mucho tiempo, pero lo hiciste entre las sombras. Entre las sombras de las otras. ¿De quién? Pues de quién va a ser. De las demás niñas, de las demás mujeres. Cuando tu carita pueril aún no había experimentado el daño de una bofetada, cuando tu inocente corazón creía que un príncipe azul llegaría en su níveo corcel alado para rescatarte de… De los fantasmas del pasado. Cuando sustituiste el caballo por la moto y la moto por el coche. Y aún así, príncipes y príncipes desfilaban ante ti, pero ninguno iba a buscarte. Mientras lustrosos caballos, impolutos autos y rutilantes hombres rescataban a las otras, tú seguías de pie, detrás, en doble fila y mal aparcada. Se te pasó el ticket de la O.R.A. y tuviste que resignarte a volver. Maldita suerte la tuya.

Perteneces a un tercer tipo de mujer. Oculta, camaleónica, de piel de cera, que aguarda sigilosa y con cautela, sin esperar nada, porque nada se ha convertido en tu apellido. En ocasiones desearías echar a volar y emigrar. No volver. Pero siempre está ahí esa maldita esperanza que te hace recapacitar. Una brisa, un halo… algo que te susurra al oído… “Quédate”.


miércoles, 26 de enero de 2011

Frustración

        Hoy os dejo un vídeo con la lectura para escuchar, no se caracteriza por su buena calidad de audio, porque mis recursos en Salamanca son limitados, por eso os recomiendo auriculares o altavoces altos y un ambiente solitario y silencioso. ¡Espero que os guste!

       Te conocí aquella mañana de octubre cuando ya no permanecía en ti atisbo alguno de fortaleza. Llegaste con esos ojos plomizos inundados en una extenuación que ya se había asentado en ellos de por vida. Con los labios agrietados por las gélidas palabras que tuviste que pronunciar. Con aquellas manos amoratadas por los golpes que te viste obligado a propinar… Con un millón de esperanzas desvanecidas, con tus expectativas rotas en mil añicos inútilmente recuperables… Con aquella sonrisa lánguida y forzada que se había colocado estratégicamente en tu rostro como cosida por mil agujas de acero y un puñal de cartón…
        Te vi, te vi, te vi mil veces. Te miré, te observé. Me gustaba contemplarte más allá de lo que cualquiera que permaneciera en aquella sala pudiera llegar a hacerlo. Porque todos veían tus agallas, tu osadía. E incluso, tu arrogancia. Una arrogancia defensiva que te proporcionaba un vínculo sombrío de protección contigo mismo. Ellos te miraban, pero no te veían. Ellos te oían, pero no te escuchaban. Te tocaban, pero no te sentían. ¿Dónde quedaste?
        No hace mucho alguien preguntó qué es la frustración, y si tenía algo que ver con la impotencia… Tú sabes muy bien lo que es impotencia… Impotencia es un querer y no poder. Es una sonrisa atascada en mitad del camino. Es un corazón restringido por un cerebro locuaz que no descansa. Es el irremediable sufrimiento por otorgar todo lo que posees y no recibir siquiera una cálida mirada que acompañe tu intrínseca soledad. Son uno y mil impulsos reprimidos por algo que no puedes controlar. Es una carencia de autoconocimiento personal. Es un abrazo mal sentido, un gesto equivocado que te impide llevar a cabo eso que deseas realmente. Es un sentimiento. Un sentimiento que se apodera de tu alma y la aniquila sin tregua. Son puñados de suspiros que te ahogan, te absorben, te maltratan… Es la respiración que destroza tus pulmones y colapsa tus vías. Es el sentimiento agazapado, la emoción encogida sustituida por un silencio sepulcral que te atormenta y te va inundando poco a poco… Hasta que desfalleces. Es entonces cuando la melancolía y el fracaso por no poder dominar tus propios impulsos ni ser capaz de hacer eso que tan ligeramente proclamaba aquel libro de autoayuda se traduce en una frustración acompasada a la pasada impotencia. ¿Qué es frustración? Frustración es comprobar cómo a cada minuto se te escapa ese puñado de ilusiones en el que habías puesto tus mejores esperanzas, esas vagabundas que te quedaban en tu proscrito corazón como piezas desencajadas… Frustración es el desengaño cotidiano de la vida, la mezquindad de las historias bonitas, el desasosiego de los genios, la indiferencia acomodada con los años en el espíritu del experimentado… Un vídeo me mostró lo que es la frustración oculta bajo un manto de ironía ácida que intenta desesperadamente y sin resultado endulzar el sabor insípido de determinados momentos… Y digo determinados porque el truco está en no ser dominado por ninguna de estas emociones. El ser humano las genera y se sitúa en aquella delgada línea que separa el éxito del fracaso, realizando malabarismos emocionales que diviertan al público aburrido de historias felices y risueñas, ávido de situaciones morbosas y desencuentros íntimos que les lleven a pensar que su vida no tiene por qué ser la más desgraciada, que hay otros que pueden estar peor. Curioso modo de masoquismo y compasión. Curioso método de autorelajación. Pero quién sabe, puede que todo esto no sea más que una divagación más que permanezca suspensa en el aire hasta que alguien esté dispuesto a atraparla… Quién sabe… Al fin y al cabo, no sé qué es la frustración. No sé qué es la impotencia. Y al fin y al cabo, no te conozco…

Ana Esther

domingo, 27 de junio de 2010

Presente firme, futuro incierto.

Levántate, mira, niña, el mundo es un tumulto, las gentes tiritan, el pueblo jadea, unos lloran, otros carcajean. No pretendas entenderlo, pues no existe explicación. Penurias, corrupción, mezquinos malabaristas, posibles en limitadas manos, oligarcas, encerrados en su propia construcción, estructura de oro, vigas de barro. Madres que lloran desapariciones, secuestros, hijos que jamás hallarán la llama del júbilo reflejada en sus ingenuos rostros. Niños forzados a crecer a trompicones. Inocentes ejecutados por viles falacias. Medios que crean vistosas pantallas para encubrir lóbregos bastidores. Payasos que desfilan por los escenarios cumpliendo un papel deplorable. Mayoría indiferente. Minorías activas. Atisbos de esperanza en una sociedad en construcción.
Tu papel apenas comienza. Atrápalo con fuerza, te espera una hercúlea responsabilidad. A tí, joven muchacha, y a ellos, los jóvenes, el futuro está en vuestras imberbes manos, en todas y cada una de esas extremidades novatas dispuestas a cimentar grano a grano esta gran obra. Sola, tal vez no podrás, pero no has de perder esa ilusión por conseguirlo algún día, transforma tus palabras en hechos, pero que el orgullo no te llegue a corromper el alma, pues las naciones caen por la ambición del que alcanza el poder y aspira a titanizarse.
No te pido que te desvivas, sino que sientas tu labor, disfrutes con ello, aunque has de estar preparada para apoyar a todo aquel que requiera de tu auxilio. No será un cómodo paseo, sino que se convertirá en la travesía de tu vida, una vereda a cada paso desconocida, intrigante y maravillosa, que has de descubrir, bien sola, bien acompañada, tendrás que saber adoptar la actitud adecuada en cada momento, superar las vicisitudes, no es tarea fácil, pero no has de desistir, la esperanza y la ilusión es lo último que has de perder.
Todo es efímero, pero la actuación de todos y cada uno de esos jóvenes que abren sus ojos al mundo, quedará sellada en la historia.
También puedes decantarte por adoptar instintos animales, obviar todas estas palabras y dejarte llevar por los placeres de la vida. Esa es la vía cómoda.
Tú decides, si quieres ser un primate más, o realmente alguien que, sin provocar mucho estruendo, humildemente, lleve a cabo grandes empresas.
Puedes escribir los versos más tristes de esta noche, o puedes disfrutar de tu cielo estrellado. Porque todo lo que necesitas es amor. Y porque no hay nadie a quien puedas salvar que no pueda ser salvado.
Ana Esther.