Mostrando entradas con la etiqueta amos universales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta amos universales. Mostrar todas las entradas

martes, 16 de agosto de 2011

Tic tac

          Son las tres de la madrugada. No sé muy bien cómo empezar esto. Solo sé que tengo que hacerlo, que ha de ser rápido, y que cualquier melodrama resentirá mi fuerza lograda durante años de entrenamiento moral. Las tres y cinco. La Beretta se desliza entre mis dedos fina, como pudo haberlo hecho la pluma estilográfica de Víctor Hugo o de cualquier otro genio que se encumbra en el excelso paraíso de la grandiosidad. No puedo pensarlo demasiado si pretendo estar a su lado en unas horas. No hay otra forma de cortar de raíz unos perjuicios que vienen atacando al mundo durante años. La vida ya no es la que era. Pero retornaremos a los inicios, tal y como siempre debió ser. Tres y diez de la madrugada. El fluorescente de la sala comienza a parpadear, como si leyese mi pensamiento, desespera junto a mí. Levanto la pistola, aprieto delicadamente el gatillo y le pego un tiro. Se ha apagado para siempre. Deslizo la cabeza entre las baldosas y me agazapo, como un gatito asustado entre dogos. No es un acto de cobardía, es un acto de vanidad. Me inclino ante un Dios mecenas de mis actos. La vida me sonríe. En la tierra y en el cielo. Tres y veinte. Se acerca la hora. Me levanto con dificultad, me tiemblan las canillas como a esos cabronazos del este. El sótano está oscuro. Tropiezo con algo. Le propino un puntapié, pero es más duro de lo que pensaba y termino resentido, encolerizado y con unos nervios irrefrenables in crecendo. Mientras me aproximo a la tarima pienso. El mundo no está hecho para los flojos de mente, y si los demás no se dan cuenta de ello, deberían correr la misma suerte. Al fin y al cabo… ¿Qué son unas toneladas más de carne muerta? Tres y veinticinco. Recojo las llaves del Audi A5 que me espera en la esquina sur del edificio. Aprendí a relativizar mi vida en el momento en el que este mundo comenzó a desmoronarse. Todo es por su culpa. Soy un enviado, un enviado, un enviado. Y las víctimas serán el ribete ceñido que oprima a estos pueblos destartalados, el acicate que despierte a las almas furibundas que vagan marginadas en cualquier rincón despreciable de este mugriento progresismo. Tres y media. Qué fácil ha sido. Qué sencillo resulta cautivar las emociones de cuatro guardias mal parados en un país de felicidad transgénica. Soy un amo del universo. Y muy pronto quedará demostrado. No es factible meterse con quien no tiene nada que perder. Y mucho menos con aquellos que no estamos locos, que permanecemos totalmente cuerdos y a los que no se nos puede achacar delirio mental alguno, porque somos conscientes en todo momento de nuestros actos. El hombre es un lobo para el hombre, y se conoce que ustedes no saben con certeza a qué son capaces de llegar ciertos lobos.

          Me llamo Anders Breivik. Tengo 62 años, y hoy por fin, vuelvo a ser libre. Mientras vosotros permanecéis ajenos a lo que sucede a vuestro alrededor, mientras los jóvenes seguís sin saber leer entre líneas, mientras los adultos continuáis dando palos de ciego, y mientras los experimentados seguís sin jubilaros... Yo sigo aquí. Después de treinta años encarcelado como un perro, vuelvo para retomar lo que el mundo parece haber olvidado.

         Que no sea necesaria otra masacre para darnos cuenta del mundo en el que vivimos. Que no sea necesario que otro Breivik oculto en cualquier chalet de la costa, en cualquier antro, en cualquier piso convencional, que vuelva a actuar para demostrar lo indemostrable. O lo demostrable. Que es lo deplorable de la raza humana. Nacimos como personas, no como lobos. Seamos la generación de NI-NI's que seamos, demostremos que Hobbes no tenía razón. Que tenemos el valor y la iniciativa para poner un bozal a aquellos que no sean capaces de respetar la primera letra de un derecho, de un valor humano. Yo no quiero seguir viviendo en un mundo lleno de SIDA moral en el que ni siquiera sabemos cómo movernos porque no somos capaces de dominarnos a nosotros mismos. Domina tus ideas, no dejes que te dominen a ti. Porque los que se creen titanes, no aspiran a más que la mediocridad vagabunda a la que desgraciadamente, asistimos todos los días en los medios. Mi mundo no es este. Mi mundo es libre, y mi libertad termina cuando empieza la tuya.

miércoles, 20 de abril de 2011

La apasionante historia de Velén Hestevan

Queridos todos,

Visto que nuestra querida querida querida (reverencia, pero que no se os caiga el chicle) Princesa del Pueblo está perdiendo protagonismo en las televisiones (¡no!), y como España sin bazofia pierde ese toque de asquerosismo -¿había mostrado mi afición por el neologismo barato?- y para inaugurar esta nueva apariencia del blog, qué mejor manera de recabar cierto glamour que contando la verdadera historia sobre la ascensión a los cielos infernales de Belén Esteban. Para ello, y como buen proyecto de periodista, me he documentado arduamente a partir de fuentes tan prestigiosas como Frikipedia o El rincón del vago. Esto tan solo conforma la primera entrega del recopilatorio "Vidas que deberían ser anónimas. Historia de una censura kilométrica", un proyecto muy ambicioso por el cual espero llegar a platós tan ilustres como Enemigos Íntimos o a la mansión de Ortega Cano en Chirona... digo Chipiona. Así que, como tiendo a irme mucho por los ramajes y, sin más dilación, os dejo deleitaros con esta poesía para la vista como es la biografía express de este especimen hinflado en colágeno y rubio platino.
Nota mental y no mental: No me hago responsable de futuras reclamaciones por parte de la SGAE, Espinete, o Leire Pajín.

Érase una vez una jovencita muy dulce y cariñosa que vivía en el barrio de San Blas. Si este suburbio hubiese tenido mar, Maná le habría dedicado una canción a su muelle. Pero no cayó esa breva. Y la muchacha montó en cólera. Pasó de la cara de Fher, su enamorado y vocalista del grupo, al ver que no la amaba por sus aires de niña de azul. Y se enamoró del bolsillo de oro de un famoso (y patético) torero de la época. Este, en su defecto, dedicó a su amada una canción de amor en la que demostró su avaricia proclamando que la quería toa toa toa para él. La joven, al comprobar tal actitud de su enamorado y que éste necesitaba un logopeda, le abandonó, después de haber tenido una hija con el butanero que les cambiaba las bombillas del jardín.

A su nena le llamó Adolfo, pero al percatarse que ese nombre era de varón y que su hija abofeteaba a cualquiera que gritase su nombre, y tras varias vicisitudes, terminó por llamarla Andrea, aunque siempre le quedará la espinita clavada de llamar a su peque Jessy, Jenny, o Yoli. La madre, inocente jovencita en su época, pasó de dicha bondad, al temperamento propio de un imberbe prostituto de la época, que se vanagloriaba por lo bueno que estaba, llamado posteriormente, Tito Mc. Obligaba a la pequeña Andrea a comer pollo sin piedad, y adquirió la diversión y el hábito de sacar la silla a la plaza y cotorrear con un par de cuatro orcoamigas que decían ser amantes de su ex marido. Era imposible entender su idioma de parloteo, sus estudios nulos y su falta de cordura hacían que tuvieran que tomar determinadas sustancias nocivas para mantenerse cuerdas. Un buen día, cuando ambas trío de cuatro se hallaba en tan cruenta lucha verbal, un hombre con gafas, el Intocable (chan chan) de Telecinco, un canal de moda en la época porque no había otro -TVE no cuenta porque lo digo yo- y de risas aseguradas ante tan deplorable espectáculo de circo, de lo que solo se salvaba Humor Amarillo en parte, apareció con sus aires de Yorch Cluni mezclados con la simpatía de Pepe Navarro, y les tendió el contrato, a lo cual ellas respondieron en su idioma particular mascando chicle a dos carrillos y hocico abierto.

Y este es el origen de Belén Esteban en la televisión, donde no deja de referirse a su hija con el butanero, que ya se casó y tuvo familia numerosa, y como está tan mal el negocio, tuvo que dedicarse a nada, se separó de su mujer y se cambió el nombre por el de Fran. Hasta la actualidad, donde se ha casado y descasado varias veces con su choniesposa, que ha llegado tan alto con sus aires de dama de las cavernas, que es más importante que el mismísimo Intocable (Chan chan). ¡Como B. Esteban muera por sobredosis de " insulina" , se acabó el negocio, periolistos! Que el omnipotente nos pille confesaos. Amén.
________________________________________________________________________________________________________________________
Era un domingo en la tarde y fui a los coches de choqueee tiruriruriruriruriruriiiii.